Cristina Rosenvinge

Descripción:
Después de que se editara la caja recopilatoria Un caso sin resolver (Warner, 2011) la inercia parecía llevarme a ese momento en que los músicos se dedican a darse el gusto de regrabar sus clásicos (recoger la cosecha, lo llaman). Pero que quieren que les diga, mirar hacia atrás se me da muy mal. Si meto las manos en los bolsillos siempre encuentro nuevas semillas que mutan gracias a la experiencia y la curiosidad a partes iguales.
Me es imposible negarme a tirarlas al aire a ver qué pasa. En seguida me puse a componer otra vez. Las canciones que sobrevivían a la criba las iba grabando en garage band. Pasaba tanto tiempo entretenida con la programación y los arreglos que eso se convirtió en una nueva forma de composición. Las circunstancias parecían alejarme del pop confesional y el formato semi-electrónico encajaba especialmente bien con la temática cuasi metafísica de las letras, que giraba alrededor de las múltiples crisis que crecían a mi alrededor amontonándose sobre mis pequeñas crisis personales, muy serias las primeras y muy cómicas las segundas. Escribir sobre la catastrófica actualidad sin caer en tópicos me parecía tarea imposible, pero después de varios intentos empecé a abordar cuestiones como la responsabilidad social (Alguien tendrá la culpa), la desigualdad de sexos (La tejedora), y estas me llevaron a otras cuestiones más complejas como la construcción de la identidad (Lo que te falta o Segundo acto) o la funcionalidad de dedicarse al arte (La absoluta nada o Liquen), a hacer algún recuento ligero de mi propia vida (Romeo y los demás), inquietarme mucho por el futuro y finalmente, a falta de recursos filosóficos más elevados, acabar llamando al tiempo ese cabrón y a la muerte la muy puta antes de refugiarme con un corte de mangas en la urgencia del cuerpo y la dictadura del presente con Balada obscena.
Por el camino la inspiración llegó a través de la poesía de Luis Cernuda, el arte de Louise Bourgeois, el retro futurismo del visionario Nikola Tesla, escenarios difusos del cine expresionista o del teatro del absurdo, New Order, Franco Battiato, el canto de una india quechua, Bill Callahan, Yoko Ono y no sé cuántas cosas más. Buscaba un sonido que se podría definir como romanticismo industrial, es decir, plomo en la base y ondas eléctricas expandiéndose hacia el cosmos, lirismo expresado sin complejos. Otra vuelta de tuerca, vaya. Las canciones, aún humeando en la tableta, le iban llegando a Raúl Fernández Refree, con el que he llegado a una conexión musical casi telepática después de que me acompañara en la última gira.
Cuando tuve más de una decena empezamos a grabar. Era junio de 2013. Enseguida se hizo patente que tenía más sentido hacerlo así, entre los dos, mano a mano y por capas, que montar una banda como había hecho otras veces. Puntualmente aprovechamos los talentos de Mau Boada en la batería, y de Louise Samson y Ferrán Palau de Anímic, junto a todos los niños que pudimos pedir prestados para algunos coros. Raúl entendió magistralmente todo y no paró de sacar conejos de su chistera de productor en toda la grabación. Una vez terminado, a final de verano, me pareció que un gesto rompedor como es este disco, no podía publicarse bajo un esquema conservador. Así que, con la paciencia que da tener alguna cana ya, me senté a esperar que pasara por mi puerta un nuevo convoy de soñadores mientras reclutaba mi propia tropa de voluntarios, la ilustradora Paula Bonet entre ellos.
Así es como he llegado al Segell del Primavera. El título, Lo nuestro, saltó de un poema a la portada del disco por sí mismo una mañana. En el poema me preguntaba, después de una larga enumeración de opciones, en qué consistía lo nuestro: quiénes somos, qué nos espera y qué es lo que nos pertenece es un tema presente en casi todas las canciones. Estoy hecha un lío y hablo en plural, tampoco sé a quién llamar nosotros. Que quede claro que aunque apunto a cuestiones peliagudas no tengo respuestas para nadie, lo que quiero es expresar con absoluta contundencia la incertidumbre.
Visita: www.christinarosenvinge.com
Lugar: Las Armas Zaragoza, C/ Las Armas 66, Zaragoza
Fecha: 30 de Octubre del 2015
Horario: 21:00h.
Precio: 12 euros anticipada y 15 en taquilla. A la venta en www.alasarmas.org

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