ANA LAURA ALÁEZ. Pulso estético / Pulso poético

La cámara oscura: lo que no se ve El acto creativo es una lucha constante donde apenas hay tregua, un pulso permanente que comienza en uno mismo y del que nunca se sale indemne. Las dialécticas y las simbiosis que se establecen entre lo formal y lo conceptual, entre la inspiración y la transpiración, entre la realidad y la abstracción, entre lo profundo y lo superficial, los afectos y los desafectos, lo literal y lo simbólico, lo directo y lo indirecto, la estética y la poética, configuran un sistema de coordenadas complejas en el que el verdadero artista se mueve con pasión y esfuerzo, con dolor y esperanza.
La pieza (2014) [1] emerge desde una de las salas subterráneas del Casal Solleric, trazando dos verticales de tejido que prolongan hasta el techo las cañas de piel del calzado que le sirve de base. Una obra delicadamente poderosa que mantiene una referencia directa con su primera instalación titulada (1993), mientras viene a confirmar que el lenguaje que acompaña y desarrolla un creador a lo largo del tiempo es el que le permite conquistar un territorio de genuina libertad, en palabras de Aláez, “”. Perseverancia tiene el objetivo visual de unir las dos alturas de este peculiar espacio, sirviendo de llamada de atención para un público que podría permanecer ajeno a lo que está ocurriendo en el seno de este antiguo aljibe de aceite, reconvertido, ahora, en sala de exposiciones.
Ana Laura Aláez ha manifestado un interés permanente por la representación de la persona como lenguaje y siempre ha considerado que las grandes ciudades son los lugares propicios para asumir que la cultura se forma a través de las diferencias. Con una referencia directa a la pieza (1969) de Allen Jones, (2013) [2], surge durante una estancia de trabajo en Londres, ciudad con la que la artista se identifica especialmente ya que en su adolescencia le remitía a la idea de un espacio mítico, donde vestirse significaba sacar a la luz un manifiesto personal a través del único material que tenía a mano: el atuendo. Como ella misma señala: “”. La pieza se compone de seis fotografías que recogen, a la manera de Manet, un contemporáneo (1863) situado en ese contexto campestre que lo desubica del ámbito urbano. Con esta obra, Aláez, empieza a recorrer un camino que la llevará de vuelta al origen, a ese espacio donde se apela a cuestiones esenciales y que nos representa más vulnerables pero también más fuertes.
Es por ello que la serie (2012-2015) [3] se ubica directamente en ese entorno, siendo una de las primeras obras producidas por Ana Laura Aláez en Mallorca, donde se consolida su interés evidente por el mito como narración, como un relato que, como señala Paul Ricoeur: “”. Aláez asume el reto de utilizar su nuevo ámbito de carácter rural, siendo ella una persona que, hasta la fecha, siempre había vivido en grandes ciudades, en lugares donde era posible ejercer la diferencia. Es por ello que el título de la obra apela directamente a contrariar el legado biológico, a subvertir el cuerpo heredado y cobijarse en el cuerpo construido: “”. Una serie de tres fotografías que reúnen otras tantas acciones, donde subyace la idea de la naturaleza como refugio y, a la vez, como desprotección, y donde comparece un silencio que incita a encarar la pugna interna de cada uno. Estos planteamientos en términos dialécticos pero no binarios y deliberadamente ambiguos, entendiendo la ambigüedad como un valor, dan expresión de la personalidad vital y creativa, mutable y consciente, que han acompañado a la artista en todos sus proyectos, y que, en cierta manera, aquí nos desvela. Prueba de ello es la siguiente pieza de este itinerario expositivo: (1996-2008) [4] es una de las primeras esculturas de fundición de Aláez en la que tuvo muy presente la obra de Eva Hesse quien trabajaba habitualmente con ideas apenas utilizadas en el mundo masculino como fluídos o secreciones. Una pieza que manifiesta alguna de las direcciones formales y conceptuales que siempre han convivido en los caminos creativos de la artista: “”. También deja en evidencia como Aláez siempre ha negado las cuestiones normativas referentes al género, vinculadas, en su caso, a la creación y a la vida: “”.
(2015) [5] es la pieza site-specific especialmente producida para esta exposición y que sirve como epílogo, pero también como un nuevo comienzo, una reflexión que Ana Laura Aláez plantea sobre el mismo acto de crear. Es en el proceso cuando se mantiene un combate entre conocer y actuar, entre obrar y sentir, se podría decir que el artista es un simple intermediario que plasma esa parte “oscura”, ese laboratorio donde se manifiestan muchas dudas y miedos. La experiencia lucha por salir a la luz, por convertirse en símbolo. “La cámara oscura”, en este caso, es el propio artista, dado que es el instrumento que tiene que seguir las propias “órdenes” de la pieza. Una obra cuyo resultado formal es el de una figura geométrica en tensión, donde lo orgánico subyace en ese pulso que da título a la pieza y, por extensión, a todo el proyecto. Una escultura planteada como una dialéctica entre la presencia y lo que no se ve, para culminar una compleja reflexión llena de interrogantes sobre el acto de crear: ¿cuánta verdad albergan las ideas? ¿cuánto hay de las personas en las cosas?
Espacio: Casal Solleric – Zona BaseCiclo: Camera ObscuraComisario: Fernando Gómez de la CuestaInstituciones: Ajuntament de Palma y Fundación Banco Santander
Fecha última modificación: 10 de Abril de 2015

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