Museo De San Telmo

Apoyándose principalmente en las colecciones del museo, que constituyen su mayor valor patrimonial, pero también en objetos, piezas e imágenes procedentes de otros museos e instituciones, la exposición, articulada en diferentes áreas, aporta una mirada multidisciplinar en la que se quieren ofrecer las claves para que quien visita el museo pueda construir su propia visión sobre la sociedad vasca, fundamentada y crítica. Las salas dedicadas a exposición permanente del museo se encuentran situadas sobre todo en el edificio conventual, aunque al hablar sobre la industrialización se pasa al nuevo edificio, ocupando la sala diáfana situada sobre las exposiciones temporales. Se puede subrayar que gran parte de las piezas de esta sala son adquisiciones de los últimos años, en los que se ha realizado una labor de búsqueda de nuevos patrimonios para recoger y mostrar la memoria de esos años gracias a empresas, comercios y particulares. Son en total más de 2.100 metros cuadrados de exposición permanente, para la que se han ganado espacios que antes no se podían visitar, entre ellos el coro. En lo que respecta a la piezas que se presentan en la exposición permanente, San Telmo quiere agradecer su aportación a los numerosos museos e instituciones que nos han cedido fondos para integrarlos en ella. 1 – De Convento a Museo Historia y desafíos La visita al museo se inicia en la iglesia, un espacio monumental en el que un espectáculo audiovisual muestra la evolución histórica del edificio en relación con la propia ciudad, así como los elementos singulares que se encuentran en ella: pinturas murales del siglo XVI, cripta de los fundadores, confesionarios Todo ello ilustrado mediante un audiovisual titulado “De convento a museo”, que da paso al planteamiento de diversos desafíos a los que se enfrenta la sociedad vasca actual. La presentación de estos temas pretende recalcar la capacidad que tiene el individuo de intervenir en el mundo que lo rodea y participar así en la construcción de su futuro, mediante una mesa interactiva que fomenta el debate y la reflexión. En este audiovisual podemos ver la historia de la evolución de San Telmo, desde fundación en el siglo XVI a cargo de la familia Idiáquez, al uso que de él se hizo como cuartel militar a lo largo del siglo XIX y su posterior recuperación como sede del Museo San Telmo desde 1932. 2 – Signos de espiritualidad El pueblo vasco ha mantenido durante siglos los ritos en torno a la muerte y el culto a los antepasados. La presencia de estelas en cementerios y caminos, o de argizaiolas en algunas iglesias ha llegado hasta nuestros días. El Museo San Telmo conserva una rica y variada colección, testigo de esta tradición cultural. La colección de estelas de San Telmo es de las mejores y más completas que existen, por su número y gran variedad. La simbología astral, tan abundante, es anterior al cristianismo, y no desaparece con él. Motivos geométricos, símbolos paganos y cristianos se combinan con elementos de más fácil interpretación. Por ejemplo, en algunas estelas, la forma humana que ha adoptado la piedra, o los escudos familiares, nos remiten al fallecido y su procedencia. Las ‘estelas de camino’ indicaban el lugar donde había sucedido una muerte violenta o inesperada. También nos aguardan algunas piezas especialmente peculiares, así como las estelas más antiguas, datadas en época romana. Huellas en la Memoria Encuentro con otras culturas, adaptación al medio, fronteras… retos que parecen tan actuales fueron también el día a día de nuestros antecesores. En este espacio se quiere ofrecer una reflexión sobre momentos e hitos que han sido claves en la formación y desarrollo del País Vasco, desde la prehistoria hasta el siglo XVIII. Orígenes – Desde los primeros asentamientos paleolíticos hace 150.000 años el ser humano comparte espacios de vida y de muerte. Se adapta al medio y evoluciona: habita cuevas y vive al aire libre; pasa de una economía basada en la recolección y la caza, a otra estructura más planificada donde la agricultura toma el protagonismo; muestra su sensibilidad espiritual honrando y enterrando a sus antepasados. Primeros espacios de vida y muerte – Los yacimientos y monumentos megalíticos que perduran en el territorio testifican la presencia del ser humano desde hace más de 150.000 años. El collar de Praileaitz es una de las piezas emblemáticas que refleja el rico mundo de creencias que tenía el ser prehistórico. Encuentro con los romanos – En el siglo I d.C las diferentes tribus vascas que habitan en el territorio entablan el contacto con una nueva cultura de características muy diferentes a las suyas: la civilización romana. La búsqueda de la protección – La sociedad medieval ampara a los que rezan, trabajan y guerrean. Es una época confusa, caótica y desordenada en la que se tiene la esperanza de encontrar el orden en el más allá, convirtiendo a Dios en el único principio capaz de proporcionar sentido a la vida. Los señores feudales gestionan y articulan el día a día de la sociedad vasca. Se produce una lucha entre dos maneras de entender la sociedad, que desemboca en guerras y en la fundación de villas, y más tarde en la organización de los territorios históricos. Linajes y villas – Nos encontramos ante un paisaje poblado por siervos y súbditos, por vínculos de parentesco y dependencias personales, por conflictos permanentes y por una búsqueda obsesiva de la protección. La transformación del hierro – La abundancia de hierro, el paisaje boscoso y el clima lluvioso del norte del País Vasco eran propicios para la instalación y el desarrollo de las primeras fábricas protoindustriales, es decir las ferrerías. La revolución del maíz – La dureza de la tierra y el clima arruinaban con frecuencia la cosechas, obligando a importar trigo castellano. El hambre causaba estragos y la llegada del maíz en el siglo XVI, que se adaptaba rápidamente al suelo húmedo, cambió radicalmente la situación. La apertura al mundo – A finales del siglo XV se da una apertura al mundo que tiene un gran impacto en los territorios vascos. Esta nueva percepción, acompañada de intereses comerciales, científicos y de descubrimiento y/o conquista, hace que la sociedad vea el mar de otra manera. El mar no es solo un espacio de pesca o un espacio hostil, sino un entorno más o menos controlable y lleno de oportunidades. Tras la ballena – En la época medieval los vascos vigilaban la costa esperando la aparición de la ballena. El desarrollo comercial y la innovación en los medios de transporte permitió ir tras las ballenas, recorriendo largas distancias. Nuevos rumbos – El descubrimiento y la conquista de nuevas tierras propicia que la producción, antes dirigida a un mercado más cercano, se adapte a la demanda de las colonias, transformando así los oficios tradicionales y la vida económica del País Vasco. ¡Atrévete a saber! – El “¡Atrévete a saber”! de Kant es el emblema de una época que sitúa a la Razón y la Ciencia en el lugar que antaño ocupaban la Fe y la Religión. Los nuevos tiempos, frente a la oscuridad representada por los desmanes de la Inquisición, traen progreso y avances científicos. Una sociedad que busca la realización del individuo en su vida terrenal antes que su salvación eterna. Brujería e Inquisición – En un contexto de intolerancia y guerras religiosas en toda Europa, los procesos de brujería se ceban con poblaciones que mantienen rasgos paganos y en las que las mujeres tienen una presencia pública que choca con el papel que les otorga la religión oficial. Compañía de Jesús – El azpeitiarra Ignacio de Loyola funda la Compañía de Jesús en un periodo muy turbulento para la Iglesia Católica; aún así fue adquiriendo adeptos rápidamente. La evangelización mediante la educación y el interés por el otro fueron claves en su éxito. La Ilustración – La Ilustración, movimiento filosófico y cultural que nació en Francia en el siglo XVIII, basada en la razón y en la creencia en el progreso, tenía una postura crítica con la sociedad de la época. El fenómeno pronto traspasó fronteras. Algunas piezas – Collar de Praileaitz – Estela de Andrearriaga – Escudo de los Gamboa – Libro de Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loiola – Productos de hierro de las ferrerías – Colección de laias – Tinaja para conservar grasa de ballena – Telescopio de Joaquín Ferrer – Maqueta de galeón – Tocados – Primera gramática de euskera, de Manuel de Larramendi – Vestido de época – Enciclopedia de Diderot – Espada de Boabdil – Armas filipinas Interactivos – Caminos por el mar: 6 rutas abiertas o realizadas por navegantes vascos. – Villas y linajes: transformación de las villas en los actuales territorios históricos. Audiovisuales – Arte parietal – Guerra y poesía – Ferrerías – Apertura al exterior 3 – Despertar de la modernidad Los siglos XIX y XX fueron tiempos de grandes transformaciones en la sociedad vasca, época en la que se concentran las principales claves para entender cómo se conforma la sociedad de hoy. Un periodo en el que asistimos a la transición de un modelo de vida rural a un modelo de vida industrializado. Nos acercamos al tipo de organización social, familiar y laboral, a las actividades económicas, la vida cotidiana, las ideologías y las reivindicaciones, a través de cuatro focos de atención agrupados en las áreas “Vivir en sociedad”, “La tradición pervive”, “La industrialización, motor del cambio” y “100 años de Arte Vasco”. La tradición pervive – El caserío, entendido como unidad casa/familia/tierra, se extiende a partir del siglo XV. Los cultivos de origen americano (maíz, después alubia, patata ) no alteraron su estructura social y económica. Los grandes cambios se dan con la revolución del transporte y el crecimiento urbano: ya en el XX, el trigo desaparece, y la sidra, casi; se cultivan hortalizas y se crían animales (carne y leche) para el mercado. Los pinos, que abastecían la industria papelera, cubrieron los montes. Hoy día, los caseríos que mantienen actividad agropecuaria se han especializado y mecanizado, aunque siguen siendo explotaciones de carácter familiar. Por otro lado, las fronteras entre el modo de vida rural y el urbano, siempre permeables, están más diluidas. Música y danza – En Euskal Herria, toda fiesta o celebración tradicional se acompaña de música, danza y baile; a menudo, incluso, estos aspectos superan en protagonismo al acontecimiento originario que celebran, ya sea religioso, social, ligado al ciclo agrícola o del año, etc. En todo caso, fortalecen el sentimiento de comunidad y constituyen un rasgo de identidad. A veces, como en la Tamborrada donostiarra, son miles quienes participan directamente. Trabajo y desafío – El antropólogo Julio Caro Baroja definió el deporte rural vasco como “expresión del trabajo”. Los oficios, en especial los que requerían mucha fuerza, resistencia y/o habilidad, daban lugar a la rivalidad. De la rivalidad entre trabajadores surgía la competición y la apuesta: corte de leña, levantamiento de piedra, arrastre con bueyes, regatas de traineras Hoy día se siguen basando en las apuestas, a la vez que se regulan como deportes de competición o exhibición. El caserío y sus oficios – Los caseríos vascos eran explotaciones pequeñas que conseguían gran variedad de productos de su entorno inmediato con medios artesanales. Las colecciones del museo reflejan la enorme complejidad que suponía obtener hasta el producto más básico: pan, sidra, carbón, tocino, sábanas, calcetines, queso Ahora, los caseríos que siguen activo se han especializado en un solo producto y muchos de sus oficios se han mecanizado o, simplemente, han desaparecido. En la exposición también se tendrá la ocasión de conocer cómo era la vida del caserío y algunos oficios ligados a él, como el pastoreo, el carboneo o la pesca. El lino – El trabajo del lino ha estado destinado casi exclusivamente a las mujeres. Ellas lo sembraban y recogían, lo manipulaban hasta convertirlo en hilo, y en ocasiones ellas mismas lo tejían. Desde casi niñas, iban conformando su ajuar, motivo de orgullo en dotes y herencias. Generalmente lo hilaban en grupo, en tertulias en las que se cantaba y contaba de todo. Gracias al lino, religiosas, viudas y solteras podían gozar de independencia económica. La industria, motor del cambio – En torno a 1870 se dieron los primeros pasos en la transformación de la economía vasca hacia un modelo de industrialización que perdura en la actualidad. La industrialización significó la modernización de la sociedad y provocó importantes cambios sociales, culturales, laborales y políticos, acompañados de profundas crisis, que repercutieron en los modos de vida y de pensar de sus habitantes. La vida cotidiana también se vio afectada por el aumento de la población atraída por el sector industrial, la expansión urbanística, los bienes de consumo, la movilidad social, la aparición de clase media y cultura de masas y la progresiva incorporación de la mujer a la esfera pública. A mano y a máquina – En el siglo XIX el mundo artesanal convivió con las primeras fábricas y las máquinas. La crisis de las ferrerías obligó a reconvertirlas en unidades de producción industriales. Poco a poco, la fábrica se impuso al taller artesanal y el objeto manual dejó de ser único para convertirse en uno más dentro de una serie. Primeros pasos – La industria vasca se vio favorecida por el traslado de las aduanas a la costa en 1841. Este cambio permitió a los empresarios autóctonos integrar su producto en el mercado español. Cuestión social – El auge de la industrialización trajo consigo una serie de cambios sociales. La conciencia de clase, abanderada por un nuevo estamento social, el de los trabajadores, caló hondo en una sociedad cada vez más convulsa. Surgieron los sindicatos y las huelgas se multiplicaron. Paisajes industriales – El desarrollo industrial del siglo XIX modificó el paisaje del País Vasco. En Bizkaia la minería transformó los montes de Triano, y el eje de la ría de Bilbao acogió la industria siderometalúrgica y naval. En Gipuzkoa las fábricas se asentaron a lo largo de los valles fluviales y se especializaron en unidades productivas de mediano y gran tamaño. Segunda industrialización – En la década de los 60, el País Vasco vive un despegue económico promovido por diferentes planes de desarrollo y ayudas extranjeras. Experimenta un gran crecimiento demográfico debido al aumento de la inmigración y de la natalidad. Crisis y reconversión industrial – 1975 supuso el fin de un crecimiento económico e industrial y el inicio de una crisis que cuestionó el modelo de desarrollo adoptado. La inestabilidad política por la muerte de Franco, la crisis del petróleo y una fuerte competencia externa conformaron esta crisis. Vivir en sociedad – La sociedad moderna, desde las revoluciones liberales, se diferencia de la sociedad del Antiguo Régimen en que el hombre pasa de ser súbdito a ser ciudadano, con la atribución, desarrollo y ejercicio de las libertades políticas. La influencia de las ideas liberales junto con la revolución industrial cambió radicalmente los fundamentos de la sociedad transformando profundamente la vida cotidiana. Las relaciones sociales y los espacios de convivencia se van a ver afectados por las nuevas corrientes ideológicas y económicas de los siglos XIX y XX. En adelante la sociedad no se entenderá sin los conceptos de ciudadanía, clases sociales, sufragio, individuo, capital, propiedad privada, derechos, ideologías. Posturas enfrentadas – La Guerra de la Independencia contra los franceses plantó la semilla del liberalismo en España, cuyo fruto fue la revolucionaria Constitución de 1812. Las nuevas ideas chocaron con las más conservadoras, enarboladas por los defensores del Antiguo Régimen. El ferrocarril – Se erigió en símbolo de modernidad y tuvo una enorme trascendencia en el País Vasco. Por medio de él, el país se hace más pequeño, provocando una auténtica ordenación del territorio y posibilitando la ubicación de nuevos centros fabriles. Lugares de encuentro – Las ciudades crecen y se crean nuevos modos de vida y espacios de convivencia. Pluralidad ideológica – Tras el fracaso de la Primera República, la Restauración (1874-1923) restableció a los Borbones en el poder. En este periodo se dan las ideologías socialista, monárquica y nacionalista. Cultura vasca – El pluralismo vasco también se manifestó en la sociedad y en la cultura, donde grandes figuras de la cultura que desarrollan su trabajo en español, como Miguel de Unamuno o Ramiro de Maeztu, convivieron con un renacimiento de la lengua y de la literatura en euskera. Conquista de derechos – Tras la dimisión de Primo de Rivera en enero de 1930, la Monarquía se encontró en un callejón sin salida. Esta crisis fue aprovechada por la oposición antimonárquica, que decidió unirse para tratar de instaurar una República democrática. Guerra Civil – La Guerra Civil en Euskadi estuvo caracterizada por dos factores que la diferenciaron del resto de España: la cuestión autonómica y la religiosa. Fue también una guerra entre católicos de distinta significación política: tradicionalistas (carlistas) y nacionalistas. Tiempo de silencio: clandestinidad y exilio – El final de la Guerra Civil supuso el inicio de la dictadura personalista de Franco y el comienzo de una época de desmovilización social y homogeneidad política, que debía asegurar la permanencia del régimen. Generación bulliciosa – A partir de 1959 se inició en España una etapa tecnocrática y desarrollista, con la que se abandonaba la autarquía de la economía de la posguerra. La industrialización y el desarrollo económico implicaron la llegada de nuevos trabajadores inmigrantes alcanzando así pluralidad y complejidad en la sociedad vasca. Transición y democracia – La muerte de Franco en 1975 abrió un proceso de transición política que tuvo su punto culminante en el País Vasco con la aprobación, en 1979, del Estatuto de Gernika. Esta coyuntura coincidió con una importante crisis económica mundial que, unida al cambio político en España, dio lugar a una fuerte convulsión social. 100 años de Arte Vasco – Esta sala se plantea como un apartado dentro del ámbito de la exposición permanente que presenta el paso del siglo XIX al XX en la sociedad vasca. En ella se realiza un recorrido sobre cien años de actividad artística en el País Vasco, presentándola como una Crónica del Arte Vasco en el Despertar de la Modernidad. Para ello se han seleccionado un centenar de obras de la colección siguiendo un planteamiento cronológico que plasma la evolución del arte vasco desde sus inicios a finales del siglo XIX hasta finales del siglo XX, concretamente hasta los años ochenta. Por una parte, la visualización del conjunto permite apreciar las diferentes líneas, estilos y movimientos artísticos que se sucedieron en nuestro entorno. Por otra, la contextualización social, política y cultural ayuda a entender las influencias y aportaciones que dotan al arte vasco de identidad propia. A los autores y obras que ya anteriormente estaban representados en el museo, como Irureta, Amárica, Arteta, Ameztoy o Irazu, se han añadido nuevas adquisiciones y depósitos que refuerzan las diferentes etapas de este periodo. Transición hacia la modernidad – La exposición se inicia a finales del siglo XIX con obras y autores que marcan el camino por el que se va a desarrollar la Pintura Vasca. Hemos reforzado estos años con adquisición de obras clave para explicar este momento, obras de José Echenagusia “Echena” y Eduardo Zamacois. Afianzamiento de las vanguardias – Pocos años después ya se aprecia de forma clara la asunción de una modernidad que será utilizada para mostrar la llamada “conciencia de país”. A este periodo responde la adquisición de obra de Quintín de Torre y el depósito de una obra de Julián Tellaeche. Ideas y debates en torno a la modernidad – En los años previos a la guerra civil es cuando mejor se aprecia la renovación de ideas y debates sobre el arte moderno. Este periodo ha sido bastante reforzado en cuanto a adquisiciones, en concreto con obras de: Jenaro Urrutia, Joaquín Lucarini, Carlos Ribera y Nicolas Lekuona. Años 60 – Para la representación de los años 60 y del resurgimiento plástico generado a partir de la Escuela Vasca y más en concreto del Grupo Gaur, hemos contado con diferentes depósitos de obras de Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Remigio Mendiburu, José Antonio Sistiaga y Rafael Ruiz Balerdi, así como con la adquisición de una obra de José Luis Zumeta. Años 70 – Destaca la aparición de una nueva generación de artistas nacidos entre 1940-1950 que conviven y trabajan junto a la generación anterior aunque con objetivos diferentes. Estos han visto reforzada su presencia expositiva con la adquisición de obra de Esther Ferrer. Años 80 – Por último la presencia de autores de la Nueva Escultura Vasca de los años 80 se completa mediante la adquisición de obras de Txomin Badiola y el colectivo CVA, así como con el depósito de dos obras de Angel Bados. Con ellas cerramos este recorrido, terminando nuestro planteamiento expositivo en uno de los momentos de la creación vasca que más repercusión tuvo a nivel nacional. Algunas piezas – Kutxas – Txalaparta – Trainera – Piedra harrijasotzaile – Kaikus – Lejiadora – Nasa para langostas – Yugos – Utensilios para trabajar el lino – Alpargatas – Damasquinado – Caja de caudales – Vagoneta de minería – Planchas – Productos fabricados en Gipuzkoa – Seat 600 – Pegatinas de los años 70 – Guitarra de Mikel Laboa – Kapusai – Máquina de Patricio Echeverría Audiovisuales La tradición pervive – Música – Euskal dantza – Deporte rural – Testimonios del mundo rural – El lino – El caserío La industria, motor del cambio – Paisajes guipuzcoanos – Movimiento obrero – Sociedad años 50 y 60 Vivir en sociedad – Posturas enfrentadas – La República – Tiempo de silencio – Generación bulliciosa – La transición Iinteractivos – Euskera – Resurgimiento cultural 4 – Colección Histórica del arte La colección histórica del museo se ha planteado de manera independiente al resto de áreas expositivas. Para mostrarla utilizamos un planteamiento historicista que pone el acento en un marcado y prioritario carácter divulgativo, que nos permite realizar una visión de la evolución de la Historia del Arte. A través de la selección de alrededor de un centenar de obras realizamos un recorrido por los más de 500 años de arte representados en nuestras colecciones, que de acuerdo con los orígenes de la misma tiene en el siglo XIX la representación más compacta y numerosa. La casi totalidad de las obras presentadas han formado parte de la colección del Museo San Telmo desde sus inicios, incluidos muchos de los depósitos del Museo Nacional del Prado que han estado en nuestra colección prácticamente desde sus comienzos. Para esta nueva etapa hemos vuelto a contar con la complicidad del Museo del Prado ya que contamos con 10 nuevos depósitos de su colección. Cuatro de ellos se presentarán en el apartado del siglo XVIII, con obras de Andrés Gines de Aguirre y de Charles Joseph Flipart, mientras que los otros seis se presentarán en el ámbito del siglo XIX ya que son obras de Carlos de Haes. Siglo XV – La exposición se inicia con varias pinturas anónimas del Siglo XV, a través de las cuales nos adentramos en la Pintura Gótica que se estaba dando en Europa. Siglo XVI – Ya en el ámbito de las obras del Siglo XVI accedemos al Renacimiento, con obras de artistas como: Tintoretto, Navarrete el Mudo, Bassano, Pantoja de la Cruz, etc, llegando a presentar la corriente del Manierismo a través de las obras del Greco. Siglo XVII – Con las obras del Siglo XVII nos adentramos en el Barroco . A través de las obras seleccionadas presentamos el tratamiento de este estilo en las diferentes escuelas que formaron parte de él. Son obras de Guido Reni, Luca Giordano, David Teniers, José Ribera, Valdés Leal, etc. Siglo XVIII – Este periodo y el Neoclasicismo quedan representados a través de las obras de Andrés Ginés de Aguirre, Nicolás Largillière, Hubert Robert, Charles Joseph Flipart, etc. Siglo XIX – Es el periodo más representativo en la colección del museo. Romanticismo, Realismo e Impresionismo están presentes en las obras de los autores seleccionados, destacando Carlos de Haes, Martín Rico, Mariano Fortuny o Joaquín Sorolla. Precios Entrada general: 5,00 euros Entrada reducida: 3,00 euros Estudiantes, poseedores de tarjeta Gaztekutxa o carnet estudiante. Mayores de 65 años, mediante la presentación de cualquier documento acreditativo de su edad (DNI, pasaporte). Grupos de 10 o más personas. Miembros de la Asociación de Amigos del Museo San Telmo. Entrada Gratuita Poseedores de la tarjeta Socio Museo San Telmo_DK. Poseedores de la tarjeta Socio Protector Museo San Telmo_DK. Poseedores de tarjeta Invitación_STM. Será gratuito para todos los visitantes un día a la semana (martes), durante todo el año. Menores de 18 años, mediante la presentación de cualquier documento acreditativo de su edad (DNI, pasaporte, carné escolar o documento equivalente). Personas en situación legal de desempleo, mediante la presentación del documento acreditativo emitido por el Servicio Público de Empleo Estatal o por el Servicio Público de Empleo de la Comunidad Autónoma correspondiente, o el equivalente de los Estados miembros de la Unión Europea. Miembros del ICOM (Consejo Internacional de Museos), mediante la presentación del carné y personal adscrito a instituciones museísticas, previa presentación del documento acreditativo. Guías Oficiales de Turismo, mediante la presentación del carné oficial de guía y del documento personal acreditativo. Servicios destinados a la mejora de la experiencia de visita al museo: Visitas guiadas a la exposición permanente del museo así como a las exposiciones temporales. Talleres didácticos escolares, de animación, familiares e intergeneracionales. Visita guiada programada a museo – 3,00 ? Visita escolar guiada (máximo 25 p

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