Susana Esteban. Pintura

Susana Esteban nos invita a acceder de nuevo a su universo colorido y sensual, a los salones donde transcurren sus reuniones familiares y sus fiestas, a ciudades de la vieja Europa y también a escenarios que únicamente existen en su fantasía, donde, tratándose como se trata de su particular País de las Maravillas, las cosas no son del modo en que estamos acostumbrados a verlas, sino tan mágicas como lo permita su imaginación. O nuestra imaginación. Porque si algo caracteriza a la obra de Susana es la imposibilidad de contemplarla pasivamente.
La artista atrapa la mirada del espectador en cada lienzo valiéndose de vibrantes señuelos, de gasas multicolores y ensoñadoras arquitecturas, y lo anima a pasearse entre sus falsamente estáticos personajes, a deslizarse entre ellos con la pericia de un bailarín. Es entonces, cuando el espectador-participante ya se ha perdido en la siempre nostálgica felicidad de los salones burgueses o los canales venecianos, cuando Susana se permite guiarlo un paso más allá, descubriendo al ojo atento su propia admiración por determinados artistas, lugares o elementos ?¡hasta las tradicionales casetas de playa han sido reinterpretadas por su pincel!-. Klimt, Picasso, Alex Katz, Javier Sáez Castán, incluso ella misma en su vertiente más alejada del naif, se funden y confunden con las muchachas de rostro aniñado y vestidos de muselina, con los misteriosos caballeros de ojos velados por gafas oscuras, formando en cada cuadro combinaciones imposibles. O, más bien, combinaciones imposibles fuera del imaginario de Susana, ya que, dentro de él, todo encaja con una armonía difícilmente imaginable entre elementos tan aparentemente discordantes.

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